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Drupal Taxi !

16 de Mayo, 2008 por fseineldin

Drupal Icon

La gente de I+D de Openware aportó nuevamente código (ver todos los proyectos) a la comunidad FLOSS !

El módulo se llama Táxi, y permite mostrar vocabularios y términos (taxonomías) de un nodo en una tabla ordenada, sólo en la vista completa del nodo. Como valor agregado también posee caché inteligente y tabla customizable mediante el standard de Drupal . El mismo fue diseñado por Eduardo Mercovich de Inspiro , desarrollado por Lisandro Cardoso de Openware y publicado como una contribución a la comunidad de Drupal.

Felicitaciones!

Tren para todos

16 de Mayo, 2008 por Darío

tren para todos

Hola,
¿Viste este sitio? http://www.trenparatodos.com.ar/
Yo acabo de participar.
Se trata de una campaña cuyo objetivo es la recontrucción del sistema ferroviario nacional y estatal para todos y la anulación del proyecto del TREN BALA.
Necesitamos tu apoyo, participá con tu firma ONLINE!!!
Saludos,

Attaka worldwide II

16 de Mayo, 2008 por fseineldin

attaka

Attaka nuestra platamorma VAM (vulnerability assessment management) ya fue adquirida por empresas de los siguientes países!: USA, Reino Unido,Polonia, Republica Checa,Canada, Finlandia, Bulgaria, Noruega,Suiza, Suecia,Brasil, Hungria, Turquía, Grecia, Japón, Luxemburgo, Holanda,India ,Francia,Portugal,Italia,España,Bélgica,Alemania, Australia y Chile

Columna colifata en Radio Zonica

15 de Mayo, 2008 por Eduardo A. Codina

Hoy en el 10mo cumpleaños de Endeavor ( un grupo mundial que reune emprendedores de negocios de toda Argentina) Federico me pidio que pusiera esto en el blog.

El aqui presente desde hace un tiempito trabaja en una columna en el programa “alla vos, aca nosotros” todos los jueves de 20 a 21 siguiendo este link: http://www.radiozonica.com.ar.
Los que quieran escucharlo entren ahi. es una radio solamente de internet.
Con la condicion de que me manden comentarios.

saludos

Eduardo Codina

Invitacion

Con el software libre crece también el empleo

13 de Mayo, 2008 por fseineldin

dicosmo.jpg

El italiano Roberto Di Cosmo no reproduce ni los tics ni el look de los nuevos chicos ricos de internet que se despachan con sus Facebooks, Mozillas, YouTubes y demás empresas jóvenes que mueven la red. Este investigador en ciencias de la computación de la Universidad de París VII, en cambio, es mucho más profundo en su pensamiento. Como el gurú informático Richard Stallman y el hacker Eric S.

Raymond, Di Cosmo es un entusiasta promotor del software libre, es decir, aquellos programas que respetan cuatro libertades: “la de ser usados con cualquier propósito”, “la de poder estudiar su funcionamiento y adaptarlos a las propias necesidades”, “hacer y distribuir copias” y “realizar mejoras”. “El movimiento del software libre no es únicamente una comunidad que se enfrenta a los cibermonopolistas de la información y el conocimiento como Microsoft –advierte–. Detrás de él hay una revolución mayor: una enorme economía que se está moviendo. El tren está pasando y el futuro tecnológico dependerá de quién se haya subido a él.”

Leer más

Fuente: Diario Crítica


Conferencia Endeavour

“OpenDev sale a la cancha …”

9 de Mayo, 2008 por Darío

Banner OpenDev

Luego de 5 años de consolidación del área como generadora de soluciones innovadoras plasmadas en los servicios de Openware (Attaka, Blockware, etc) y de participar de proyectos Internacionales (Novell Inc), el área de I+D abre sus puertas para ofrecer la experiencia adquirida con el propósito de satisfacer las necesidades de desarrollo de software para terceras partes.

Más info: http://www.openware.biz/opendev

Publicado en Infobae, 5 de mayo

F. Seineldin, de Openware, explica en esta nota características, ventajas y desventajas del modelo de tercerización de la gestión de seguridad en TI

Vivimos en la llamada Era del Conocimiento, sin embargo la importante evolución intelectual que esto significa no implica que hayamos podido construir un hábitat más seguro y funcional. La competencia por el conocimiento en todos los ámbitos, pero sobre todo en el empresario, genera día a día relaciones cada vez más complejas e impredecibles.

La tecnología expandió hasta límites impensados nuestras posibilidades, sin embargo cada día nos encerramos más y más en espacios reducidos, saturados de cerrojos, alarmas, rejas y cámaras, intentando por esos medios espantar al miedo y combatir la inseguridad.

¿Y qué pasa en el mundo virtual, ese universo que sólo percibimos cuando estamos conectados a la red?

Actualmente, se descubre un promedio de veinte nuevas vulnerabilidades por mes. En la mayoría de los casos, el software es puesto en producción cuando apenas supera una calidad de versión alpha. Las vulnerabilidades son ampliamente difundidas en sitios, más allá del tiempo que les lleve a los proveedores de software liberar los parches/arreglos. Adicionalmente, crackers se han agrupado a lo largo del mundo para compartir información y coordinar ataques.

Conocer los riesgos de la inseguridad en la red es un paso importante, pero ser conscientes de nuestras vulnerabilidades y limitaciones es vital.

La inseguridad genera pérdidas concretas y directas -como en el caso del robo de ideas-, impactando negativamente en la productividad y generando graves consecuencias con la caída de sistemas, alimentando la desconfianza por parte de los clientes. Más grave aún, en ocasiones involucra a la empresa en problemas de orden legal.

Parte del problema reside en que el verdadero impacto de un ataque o una intrusión deliberada, no se vislumbra en forma inmediata, provocando que no se le adjudique al hecho la gravedad que realmente tiene.

Muchas veces, la responsabilidad sobre el problema de la seguridad en Internet es asumido por personal de la empresa, con las limitaciones que ello implica: falta de directivas, tecnología inapropiada, escasa información, mínimos recursos y en muchos casos sin autorización.

En otros casos, el control de la seguridad descansa solo en un Firewall, creyendo que su presencia es suficiente para resolver esta compleja y cambiante problemática. Pero, por su configuración de defensa estática, el firewall es un componente tecnológico que no aporta invulnerabilidad al sistema, es más, forma parte del problema ya que suele dejar pasar a los intrusos que atacan los servidores con presencia en Internet sin dejar rastros.

¿Por qué pensar en la tercerización de la gestión de la seguridad?
A medida que crecen la importancia estratégica de las aplicaciones y acceso a Internet, lo hace también el riesgo de exposición de la seguridad. Las aplicaciones e información que ayudan a llevar adelante el negocio son muy importantes para dejarlas vulnerables a las amenazas externas las 24 hs. del día. El daño potencial es de gran magnitud:

Más sistemas y aplicaciones en las redes públicas: Las presiones económicas y la globalización llevan a que las compañías traten de introducir Internet en más áreas de sus modelos de negocios como ser servicio al cliente, e-commerce e intranets.

  • Más vulnerabilidades: Cada vez con mayor frecuencia, se reportan nuevos ataques de crackers, espías y vándalos que continuamente, desarrollan nuevos modos de quebrar e introducirse en las redes y servidores. La información que posee la empresa puede ser adulterada de manera irreversible. Dichas adulteraciones, al menos en el corto plazo, no siempre serán detectadas por la empresa.
  • Robo de información: Aún más difícil de descubrir. Alguien puede invadir el sistema, copiar información crítica y descubrir secretos de la empresa.
  • Pérdida de datos: Significa que la empresa puede perder información irreversiblemente, pudiendo enterarse o no.
  • Downtime no planeado: competidores y crakers pueden derribar los sistemas provocando el cese de las operaciones, sobre todo en procesos importantes o en fechas de mayor procesamiento.
  • Pérdida financiera/Reputación: El tiempo y energía que demando la detección de las fallas de los sistemas puede significar gastos no planeados, disminución de la productividad e impacto en la moral de los empleados, y muchas veces pérdidas de dinero, tiempo, productos, reputación y hasta en algunos casos vidas.

Solo una visión integral y holística puede minimizar el riesgo de la seguridad, para eso necesitamos concebirla como un proceso continuo y no como un producto.

El Modelo de los Managed Security Service Providers (MSSPs)
Para minimizar los riesgos de seguridad en Internet es imprescindible un conjunto de servicios profesionales especializados y expertos que transformen la defensa en un proceso contínuo y dinámico. La seguridad de la información no sólo es un problema tecnológico sino que se extiende sobre la capacidad y honorabilidad de las personas y eficiencia de los procesos.

Las empresas han evitado por lo general la tercerización (outsourcing) debido a su complejidad y a un supuesto riesgo implícito de pérdida de control y volatilidad de responsabilidades. Sin embargo, las demandas por bajar costos y mejorar procesos junto con un nuevo modelo de tercerización indican que hay nuevos factores a considerar y una tendencia ascendente al cambio

Los servicios de seguridad comunmente tercerizados bajo el modelo MSSP son:

  • Gestión de firewalls, IDSs y VPNs
  • Monitoreo de la seguridad perimetral
  • Gestión de incidentes, análisis forenses
  • Diagnóstico de vulnerabilidades y penetration testing
  • Antivirus y content filtering
  • Resguardo de información
  • On site consulting

El modelo MSSP ofrece nuevas alternativas para satisfacer necesidades concretas. En vez de forzar a las empresas a tomar la decisión de una terecerización total, el MSSP les ofrece una decisión basada en papeles complementarios y responsabilidades compartidas. De esta forma la empresa y el MSSP tienen definidos sus roles, pudiendo la empresa aprovechar el valor real del outsourcing y conservar el control de IT.

El MSSP actúa como un proveedor de información detallada de management y de recomendaciones técnicas. La empresa se transforma en un consumidor de este flujo de información y conserva el control de su propia infraestructura y aplicaciones. Las empresas utilizan las recomendaciones proporcionadas por el MSSP para cambiar y ajustar la infraestructura de IT, con el objetivo de mantener la disponibilidad y los niveles de calidad deseados.

De esta forma la empresa conserva el control de sus propios recursos, mientras usa el expertise del MSSP para asistirla en las operaciones del día a día como así también en operaciones estratégicas de management. La empresa proporciona el acceso a sus datos usando una conexión segura a través de su firewall. Esta última también puede proporcionar espacio físico y acceso de red para la conexión de un sistema o appliance del MSSP.

El mercado y el avance de la tecnología fuerza al MSSP a estar continuamente capacitando sus RRHH y adquiriendo las mejores herramientas de management y control. Bajo este modelo la empresa tiene la ventaja de hacer uso de servicios/soluciones de alto nivel sin haber necesitado desarrollarla en forma interna o haberla comprado a altos costos. De la misma manera, puede liberar personal interno para que pongan foco en actividades estratégicas; con la tercerización, los departamentos de IT se pueden enfocar en las aplicaciones y sistemas que hacen al negocio y agregan valor estratégico a las operaciones de la compañía.

Al mismo tiempo, como los profesionales en seguridad están entre los más buscados de la industria, la mayoría de las organizaciones no tiene expertos in-house en materia de seguridad. Encontrar la persona correcta, definir sus roles, gestionar con consultoras al igual que con staff interno, y pagarle el salario, es sólo una parte del desafío. La seguridad puede verse comprometida cuando los expertos dejan la compañía. Además, la seguridad en Internet es un trabajo extenuante, haciendo el trabajo del staff mucho más dificultoso: se necesitan expertos monitoreando la red, evaluando amenazas potenciales, y respondiendo a ataques las 24 horas del día, los 7 días de la semana.

Desventajas del modelo MSSP
Como en cualquier tercerización la confianza es un key issue indispensable para la correcta convivencia entre partes. La existencia de contratos, NDAs (Non Disclosure Agreements) y SLAs (Service Level Agreements) deben dar un marco conceptual a la relación, sobre todo teniendo en cuenta que siempre existirán puntos grises o nuevas situaciones que requerirán revisiones e incorporaciones en los mismos como anexos. Tener contratos rígidos o falta de confianza en un ámbito donde lo complejo y los cambios es la constante, no es la mejor alternativa.

Otro de los puntos a tener naturalmente en cuenta es que el MSSP genera cierta dependencia con la empresa al existir procesos o partes de procesos mixados y compartidos, como así también la existencia de infraestructuras compartidas con otros clientes.

Conclusión
El punto clave, para toda empresa, donde la seguridad de la información se vuelve cada día más crítica, será evaluar cuando es realmente necesario la tercerización en un MSSP. La decisión no debería ser compleja, solo basta con responder a dos preguntas para tomar la determinación:

  • ¿Es estratégica para mi empresa la función/servicio de seguridad que estoy evaluando tercerizar?
  • ¿La función que estoy evaluando es el negocio principal de mi empresa? (core competency).

Si cualquiera de estas preguntas es negativa, la alternativa de outsourcing es altamente viable y en muchos casos recomendable.

El mundo está cambiando, impulsado por los nuevos modelos de negocios basados en Internet, las comunicaciones y la informática. Queda del lado de las Corporaciones y Pymes tomar la decisión de focalizarse en sus negocios estratégicos y tercerizar las funciones operativas que retrasan la adaptación contínua en un mundo que avanza cada vez más rápido.

RSE: una perspectiva convergente*

5 de Mayo, 2008 por Germán

Es un error común de nuestros tiempos, especialmente en el ámbito de las ciencias empresariales, depositar excesiva confianza en un concepto –que usualmente no es más que una metodología o un procedimiento-; al punto de convertirlo en una panacea, cuya implementación resolvería todos los problemas organizacionales. Estos paradigmas tienen un ciclo de vida, y se van reemplazando por otros de mayor novedad cuando comienzan a hacerse evidentes sus limitaciones. Basta observar los casos de la calidad total o la reingeniería para hacerse una idea de lo que estamos planteando.

Desde hace algunos años, quizás el paradigma que ocupa este lugar privilegiado es la Responsabilidad Social Empresaria (RSE), que incluso trascendió los límites de la empresa para interesar a distintos sectores de la sociedad civil. No obstante, aunque proliferan enfoques y teorías que intentan explicar el alcance de este concepto, todavía no existe una definición precisa del término. Garriga y Melé[i] ofrecen una interesante clasificación del amplio abanico de teorías en cuatro grupos: instrumentales, políticas, integradoras y éticas.

Las teorías instrumentales ven a la empresa y a sus actividades sociales como un medio para la creación de riqueza económica, buscando maximizar el valor para los accionistas ya sea a través de marketing con causa o por el mero empeño en desarrollar ventajas competitivas. Las políticas hacen referencia al poder de las empresas en la sociedad y a un ejercicio responsable del mismo, incluyéndose en este grupo la ciudadanía corporativa (filantropía o inversión social), el constitucionalismo corporativo (licencia para operar), y teorías contractualistas que apuntan a una nueva ordenación social. Según las teorías integradoras, la empresa intenta legitimar su accionar a través de la respuesta a demandas sociales y con la consideración explícita de todos los grupos interesados o afectados por su accionar (stakeholders). Por último, las teorías éticas buscan fundamentar la responsabilidad empresaria en principios normativos o en la necesidad de construir una sociedad mejor.

Vemos así, que el tratamiento del tema es amplio y muchas veces controvertido. Sin embargo, a medida que crece la literatura y se multiplican las teorías, aumenta también el desconcierto. Esto presenta una limitación importante para la RSE, dado que esa misma indefinición retrasa su aceptación social y pone en tela de juicio la novedad de su aporte. Según mi modesto parecer, esta limitación puede deberse básicamente a dos motivos. En primer lugar, a la gran proliferación de posiciones que intentan explicar el fenómeno desde enfoques parciales y puntos de vista que muchas veces se presentan antagónicos; y más importante aún, a la incapacidad de la racionalidad humana para sintetizar estas posiciones en un sistema omnicomprensivo y dialógico. En relación a este último punto, la búsqueda de consensos muchas veces incompatibles produce un eclecticismo donde la verdad queda al servicio de la conveniencia.

Sin que esto signifique renunciar a la búsqueda de la verdad, se necesita un enfoque integrador, que permita armonizar las distintas posiciones en un proceso dialógico, armónico pero dinámico por la mera existencia de tensiones que apuntan en sentidos contrarios. Por ejemplo, ¿cómo conciliar una postura que sostiene que la responsabilidad de la empresa es maximizar la ganancia de los accionistas con otra que fomenta la inversión social, atentando claramente contra la lógica maximizadora de beneficios?

Por otra parte, la realidad es compleja y multilateral, es decir, admite numerosos aspectos y puntos de vista, por lo tanto el pluralismo se torna un valor imperioso. Según Nubiola, “la defensa del pluralismo no implica una renuncia a la verdad o su subordinación a un perspectivismo culturalista. Al contrario, el pluralismo estriba no sólo en afirmar que hay diversas maneras de pensar acerca de las cosas, sino además en sostener que entre ellas hay –en expresión de Stanley Cavell- maneras mejores y peores, y que mediante el contraste con la experiencia y el diálogo racional los seres humanos somos capaces de reconocer la mayor parte de las veces la superioridad de uno sobre otro.”[ii]

Por lo tanto, para avanzar en este camino de posiciones enfrentadas, no hay que centrarse en las razones sino en la racionalidad. Es bien sabido que la modernidad, con su énfasis en el método científico para alcanzar un conocimiento objetivo, absoluto y racional matemático, ha dado un sentido reductivo a la razón. A esta razón inferencial, reaccionan de manera crítica diversos autores para propugnar una racionalidad ampliada, que es un término de la filosofía contemporánea que se atribuye a Merleau Ponty,[iii] y que ocupó a los pensadores de la Escuela de Francfort, quienes identifican el fracaso de la Ilustración con el triunfo de la razón instrumental, subjetiva o unidimensional.[iv]

“El triunfo de la razón subjetiva-instrumental supone el triunfo de la razón formal –de la capacidad para clasificar, deducir y concluir- y la derrota de la razón sustancial, que señala contenidos como valiosos (…) La razón formal transforma en medios, objetos, cosas, cuanto toca, de igual modo que el legendario rey Midas transformaba en oro todo cuanto tocaba: los productos de la actividad humana, las relaciones, la fuerza de trabajo, la naturaleza interna y externa quedan convertidos en mercancía, en cosa.”[v] Esta cosificación, anula la ética, que, como advirtió Kant, sólo tiene sentido cuando hay cosas que valen por sí mismas, que son fin y no medio, que tienen dignidad. El principal riesgo del modo de pensar de nuestros tiempos es que tiende a asignar a todo un valor medial o mercantil, incluso a las personas. Si todo lo humano se convierte en mercancía, entonces muere lo humano, de la misma manera que el Rey Midas murió de hambre porque el oro no le servía como alimento.

Por lo tanto, una manera de aprovechar humanamente esta oportunidad histórica que se presenta con un tema como la RSE, que congrega intereses de los sectores más diversos, es buscando un esquema conceptual que nos permita sintetizar distintas posiciones en relación al bien humano y en apertura dialógica a la realidad. La propuesta de Maliandi,[vi] nos parece sugerente, dado que propugna una racionalidad ampliada, que integra dos dimensiones: la fundamentación y la crítica. Estas exigencias racionales deben complementarse adecuadamente para evitar caer en sus vicios por exceso, a saber: el dogmatismo y el escepticismo por un exceso de fundamentación y crítica respectivamente.[vii]

Si observamos el ecosistema o entramado que conforman las empresas en la actualidad, en sí mismas y en relación con todos sus grupos de interés, veremos que además de ser complejo, amplio y difuso, está caracterizado por la conflictividad. Sin pretender caer en un pesimismo metodológico, es evidente que el conflicto es la fuente de la problematicidad de la ética en general[viii] y en particular en el mundo empresarial. Todo aquel que tiene un interés en la empresa (stakeholder) precisamente por eso tiene un conflicto potencial que tendrá que resolver con ella. “Uno de los rasgos sobresalientes de la crisis de nuestro tiempo es el progresivo desequilibrio entre el creciente número de conflictos y la decreciente disponibilidad de pautas para resolverlos”.[ix]

La teoría de los stakeholders, que propugna la consideración explícita de todos los interesados o afectados por el accionar de una empresa se encuentra entre las más aceptadas en RSE. Ahora bien, como señalan Debeljuh y Fontrodona,[x] “la teoría de los stakeholders permite hacer un mapa de las implicancias de la actividad empresarial pero no pasa de ser una teoría descriptiva, que no ofrece ninguna indicación desde el punto de vista normativo.” Es decir, del mero reconocimiento de los stakeholders no se deriva el trato que se merece cada uno. Por ejemplo, el hecho de que una empresa reconozca a sus competidores no indica si debe competir o cooperar con ellos, o cuando corresponde lo uno o lo otro. La conflictividad nos abre a un mundo de posibilidades, y esta teoría no resuelve el problema ético subyacente -en el sentido normativo del “deber ser”-, sino que nos muestra, por decirlo de algún modo, el campo de juego, dentro del cual deberá resolver la ética aplicada los conflictos pertinentes.

Consecuentemente, la cuestión sobre la responsabilidad queda sin responder, ¿Corresponde a la empresa la consideración humana de las personas que la conforman y la preocupación por la comunidad en la que está inserta, con una racionalidad que no sea la económica? En lugar de partir del fundamento ontológico de esta responsabilidad, postura que necesariamente generará adeptos y adversarios, intentaremos responder a esta pregunta desde un enfoque convergente.

El término convergencia hace referencia a la maximización de la armonía entre principios rectores que pueden inferirse de la bidimensionalidad de la razón (fundamentación y crítica) y de su doble estructura conflictiva: diacrónica y sincrónica.[xi] La perspectiva diacrónica se disputa entre la resistencia a la modificación y la generación de algo nuevo, en otras palabras, entre la permanencia y el cambio. La perspectiva sincrónica incluye lo propio versus lo ajeno, lo particular versus lo general. Así, la comparación sincrónica es con otros, mientras que la diacrónica es a través del tiempo, aunque tomaremos la diacronía como potencialidad más que temporalidad. Estos cuatro principios rigen las decisiones y acciones moralmente cualificables.

Por otra parte, al momento de determinar la responsabilidad de la empresa, hay que tener en cuenta que la jerarquía de valores admite dos dimensiones: altura y fuerza. Muchas veces se cae en el error de limitarse a la excelencia intrínseca de los valores (altura), sin contrastarla con la fuerza, cuando ésta es condición necesaria de aquella. Los valores más fuertes son los más bajos a nivel axiológico, pero son condiciones de posibilidad de los superiores y son prioritarios en carácter de urgencia. Es decir, si bien la altura ordena jerárquicamente los valores en función de su importancia, la fuerza hace que el valor superior quede desprovisto de su valía, si no va precedido o acompañado del valor inferior.

Por ejemplo, un empresario que realice filantropía o que apoye el arte pero que no reconozca a sus empleados los beneficios legales que le corresponden, no podría considerarse responsable. Esto es así porque el cumplimiento de los valores fuertes son condición necesaria para que puedan darse los valores altos. Fuerza y altura se refuerzan y complementan pero no son la misma cosa, y si bien las acciones “altas” son más valiosas e importantes en el largo plazo, presuponen el cumplimiento previo de las acciones “fuertes”.

En función de estos elementos, en el cuadro siguiente se presenta la categorización propuesta aplicada a la RSE.

cuadro12.doc

Así, podemos inferir entonces que los principios de conservación e individualidad son condición necesaria pero no suficiente. Condición suficiente es la aspiración al máximo bien para la mayor cantidad de personas posibles, lo cual no implica caer en un utilitarismo, sino la consideración del principio de realización y universalidad, es decir, pasar de un enfoque restrictivo (de mínimos) a uno irrestricto (de máximos).

Los valores más bajos (fuertes) son los valores básicos para que la sociedad o cualquier organización funcione, no se exige que los sentimientos internos correspondan a la conducta externa. Al fisco no le importa que quien paga sus impuestos lo haga contento porque reconoce la contribución social que realiza con su aporte, simplemente importa la acción externa. En cambio, es imposible vivir los valores altos de la escala (donde se encuentran el amor, la comprensión, la amabilidad, etc) sin adherir interiormente. Es la realización de estos valores lo que posibilita el pleno desarrollo de la persona humana y en última instancia su felicidad.

Analicemos entonces la responsabilidad de la empresa según estos principios.

El principio diacrónico de conservación se rige por la fuerza de los valores más bajos, a saber, los económicos. Como los criterios de eficiencia y eficacia, es decir, la contrastación de los resultados con los medios y los fines, son preponderantes, la racionalidad que impera es de tipo técnico-instrumental. Los criterios orientadores de la conducta son la justicia y la profesionalidad, es decir, actuar con objetividad, integridad, veracidad y de acuerdo a la legalidad. La responsabilidad a este nivel es concebida como una obligación social, es decir, se asegura el cumplimiento del objeto de la empresa en condiciones justas, la creación de riqueza, y el respeto de las leyes y los derechos humanos. Del cumplimiento de los valores de este nivel depende que se pueda acceder a valores superiores, además, aquí se pone en juego la supervivencia de la empresa.

El principio diacrónico de realización es más frágil pero aspira a un nivel más alto. Implica actuar con superación, actitud de servicio y cooperación, aspira a la excelencia. Así, la responsabilidad es considerada como una sobreabundancia que se produce por la sensibilidad hacia modos de ser más perfectos. La responsabilidad es mayor, incluye alternativas de acción que aprovechen las capacidades de la empresa para contribuir a la resolución de problemas sociales. Se supera la racionalidad técnica para emplear una racionalidad humana, que actúa creativa y consistentemente según los modos de ser de la ética. La magnanimidad es la disposición de perseguir el bien que se presenta como arduo pero no imposible.

El principio sincrónico de individualidad mira “hacia adentro” de la organización, buscando la unidad entre sus miembros directos y una cultura particular, diferenciadora del entorno. Es un valor fuerte porque se requiere que un organismo funcione bien para poder relacionarse con otros y por los criterios de proximidad e incidencia, según los cuales “me encuentro más obligado a promover el bien y evitar el mal de los más próximos” y “el bien es mejor cuanto más profundamente beneficie a la persona, y el mal es peor cuanto más profundamente la perjudique”.[xii] La unidad organizacional implica cierta homogeneidad, aunque no excluye el pluralismo. Es el principio por el cual se buscan ventajas competitivas y distintivas.

El principio sincrónico de universalidad por su parte mira “hacia fuera”, integrando todos aquellos grupos implicados con la empresa indirectamente o incluso aquellos no relacionados que pueden interesarle a la empresa por razones de bien común. Se encuentra en estrecha relación con el principio de extensión, según el cual “es mayor el bien que beneficia a más personas y es mayor el mal que a más personas perjudica”.[xiii] El pluralismo es necesario para que el diálogo con ellos pueda ser posible, pero la solidaridad y la subsidiariedad son los valores que permiten la consideración de problemáticas que exceden el propio sistema organizacional.

Así queda configurado el mapa de relaciones entre las estructuras conflictivas, en función de los distintos principios rectores y la bi-dimensionalidad de la razón. La razón representa un esfuerzo por compensar la conflictividad, evitar, resolver o al menos, regular los conflictos. Los principios que se derivan de las distintas dimensiones consideradas son conflictivos entre sí, y deben compatibilizarse de acuerdo a la prudencia, persiguiendo el metaprincipio de convergencia,[xiv] que exige maximizar la armonía, que equivale a decir, minimizar el conflicto. Si bien es cierto que la realidad es estructuralmente conflictiva, existen equilibrios y convergencias que minimizan estos conflictos. De estas convergencias depende que los conflictos evitables sean evitados, los solubles resueltos y los insolubles regulados.

En este proceso convergente, la empresa como agente social ocupa un rol cada vez más importante en la generación de bien común, que no es otra cosa que procurar el desarrollo pleno de las personas con las que se relaciona directa o indirectamente. El mero cumplimiento de los principios de conservación e individualidad, conduce a la entropía y al indiferentismo ético. La exploración de los principios de realización y universalidad, si no está precedida de los principios fuertes, se torna utópica, frágil e hipócrita. El metaprincipio de convergencia es la guía prudencial que le permite resolver estas tensiones antagónicas.

Así, unificar criterios en materia de RSE es menos importante que esforzarse por hacer que estos enfoques converjan en un ámbito de diversidad, donde quizás el único desafío sea la capacidad del hombre para reconocer la dignidad humana y diferenciar entre bienes instrumentales y fundamentales. No existe un óptimo, en el sentido que le viene aplicando a este término las ciencias sociales -en especial la economía-, sino una búsqueda continua y permanente del bien desde una racionalidad ampliada. Si entendemos la amplitud de estas exigencias, la RSE no será una moda más sino una resistencia a la cosificación, que requiere el esfuerzo sostenido y solidario por alcanzar un mundo más humano e inclusivo.

Germán Scalzo

(*Bajo licencia creative commons)


Referencias


[i] Garriga, Elisabet y Melé Doménec, Corporate Social Responsibility Theories: Mapping the Territory, Business Ethics 53:51-71, 2004.

[ii] Nubiola, Jaime, Pensar en libertad, EUNSA, Pamplona, 2007. Págs. 20 y 21.

[iii] Allica, Alfredo, El concepto de racionalidad, inédito. Según el autor, el concepto de racionalidad ampliada adquiere distintos matices en el contexto de cada filosofía particular. Así, Ortega y Gasset habla de razón sensible, Gadamer de hermenéutica, Samaja de dialéctia y praxis vital, Horkheimer de razón objetiva, Apel de razón comunicativa, etc.

[iv] Cfr. Cortina Orts, Adela; Crítica y utopía: La escuela de Francfort, Ed. Cincel, Madrid, 1986, pág. 86.

[v] Cortina Orts, Adela; Crítica y utopía: La escuela de Francfort, Ed. Cincel, Madrid, 1986, págs. 89 y 91.

[vi] Maliandi, Ricardo, Dejar la postmodernidad. La ética frente al irracionalismo actual, Almagesto, Buenos Aires, 1993. Pág. 57 y ss. Según el autor, la racionalidad ampliada implica la indicación de su carácter dialógico y la reconstrucción de su relación intrínseca con la conflictividad.

[vii] Sobre la bi-dimensionalidad de la razón, cfr, Maliandi, Ricardo, Volver a la razón, Biblos, Buenos Aires, 1997. Págs. 21 a 26.

[viii] Cfr. Maliandi Ricardo, Ética, conceptos y problemas, 3º Edición ampliada y corregida, Biblos, Bs. As, 1990. Pág. 97 .Según el autor, la cuestión del conflicto moral representa una especie de núcleo del que derivan todas las cuestiones éticas.

[ix] Maliandi, Ricardo, Ética, conceptos y problemas, 3º Edición ampliada y corregida, Biblos, Bs. As, 1990. Pág. 135.

[x] Fontrodona, Joan., Guillén, M. Y Rodriguez, A. La ética que necesita la empresa, Unión Editorial, Madrid, 1998, p. 121, citado en Debeljuh, Patricia, La conquista de las virtudes en la empresa, Temas, Buenos Aires, 2004, pág. 181

[xi] La convergencia busca además una adecuación de la estructura conflictiva del ethos (enfatizada por Hartmann en su ética material de los valores) a la fundamentación reflexiva pragmático-trascendental (defendida por Apel en su ética discursiva). La propuesta se complementa con el desarrollo de una teoría de la razón como facultad bidimensional (fundamentación y crítica) dialógica. Cfr. Maliandi, Ricardo, Ética, conceptos y problemas, 3º Edición ampliada y corregida, Biblos, Bs. As, 1990. Pág. 164.

[xii] Llano Cifuentes, Carlos, Dilemas éticos de la empresa contemporánea, Fondo de Cultura de México, México, 1997, págs. 115 a 119

[xiii] Llano Cifuentes, Carlos, Dilemas éticos de la empresa contemporánea, Fondo de Cultura de México, México, 1997, pág. 114.

[xiv] Maliandi, Ricardo, Ética, dilemas y convergencias. Cuestiones éticas de la identidad, la globalización y la tecnología, Biblos, Buenos Aires, 2006. Pág. 146.